Compromiso Ciudad del Cabo

Resumen del Compromiso de Ciudad del Cabo

El Compromiso de Ciudad del Cabo (CCC) es un documento magistral e integral que refleja fielmente lo sucedido en El Tercer Congreso de Lausana para la Evangelización Mundial, que tuvo lugar en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en octubre de 2010. Es imposible capturar el espíritu de Lausana III en un resumen de tres hojas, por lo que esta sinopsis debería leerse conjuntamente con el CCC completo.

El CCC está arraigado en la convicción de que “debemos responder en la misión cristiana a las realidades de nuestra propia generación”. La misión de la Iglesia debe tomar en serio tanto la naturaleza invariable de la palabra de Dios como las realidades cambiantes de nuestro mundo. El CCC refleja el llamado de Lausana a toda la Iglesia, de llevar todo el evangelio a todo el mundo; está enmarcado en el idioma del amor: amor por todo el evangelio, por toda la Iglesia y por todo el mundo. El Compromiso tiene dos partes: una confesión de fe y un llamado a la acción.

PRIMERA PARTE   Para el Señor que amamos: La Confesión de Fe de Ciudad del Cabo

La primeras oraciones fijan el marco: “La misión de Dios fluye del amor de Dios. La misión del pueblo de Dios fluye de nuestro amor por Dios y por todo lo que Dios ama”.

Los primeros cinco puntos tratan sobre nuestro amor por Dios mismo. Amamos al Dios vivo, por sobre todos los rivales y con pasión por su gloria. Amamos al Dios trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Con relación al Padre, el CCC llama a una renovada apreciación de la condición de padre de Dios. Con relación al Hijo, resalta nuestro deber de confiar, obedecer y proclamar a Cristo. Acerca del Espíritu, dice: “Nuestra participación en la misión no tiene sentido y es infructuosa sin la presencia, la guía y el poder del Espíritu Santo. […]. No existe ningún evangelio verdadero o completo, y ninguna misión bíblica auténtica, sin la Persona, la obra y el poder del Espíritu Santo”.

Los últimos cinco puntos tratan sobre nuestro amor por la Palabra, el mundo, el evangelio, el pueblo y las misiones de Dios. (a) Reafirmamos nuestra sumisión a la Biblia como la revelación final de Dios, y afirmamos nuestro amor por la Persona que revela, la historia que cuenta, la verdad que enseña y la vida que requiere (mientras reconocemos que frecuentemente confesamos que amamos la Biblia sin amar la vida que enseña, una vida de un costoso discipulado práctico). (b) Amamos el mundo de Dios, todo lo que él ha hecho y ama. Esto incluye cuidar la creación, amar a todos los pueblos y valorar la diversidad étnica, anhelar ver el evangelio  arraigado en todas las culturas, amar a los pobres y a las personas que sufren en el mundo, y amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos. No significa amar o ser como “el mundo” (es decir, mundanalidad). (c) Amamos el evangelio: la historia que cuenta, la seguridad que trae y la transformación que produce. (d) Amamos al pueblo de Dios, reconociendo que este amor exige unidad, sinceridad y solidaridad. (d) Amamos la misión de Dios. “Estamos comprometidos con la misión mundial, porque es fundamental para nuestra comprensión de Dios, la Biblia, la Iglesia, la historia humana y el futuro último. […]. La Iglesia existe para adorar y glorificar a Dios por toda la eternidad, y para participar en la misión transformadora de Dios dentro de la historia. Nuestra misión se deriva plenamente de la misión de Dios, está dirigida a toda la creación de Dios y tiene como centro y fundamento la victoria redentora de la cruz”. Somos llamados a la misión integral, que es la proclamación y demostración del evangelio.

SEGUNDA PARTE  Para el mundo que servimos: El Llamado a la Acción de Ciudad del Cabo

El llamado a la acción usa los seis temas del Congreso, que están vinculados con las seis exposiciones de Efesios.

A. Dar testimonio de la verdad de Cristo en un mundo pluralista y globalizado. El Congreso afirmó la creencia en la verdad absoluta, y particularmente en Jesucristo como la Verdad. Por lo tanto, los cristianos son llamados a ser personas identificadas con la verdad, a vivir y proclamar la verdad. Debemos enfrentar el desafío del pluralismo relativista posmoderno con una sólida apologética. Debemos promover la verdad en el lugar de trabajo y en los medios globales. Debemos aprovechar las artes para la misión, promover respuestas auténticamente cristianas a las tecnologías emergentes y participar activamente en los ámbitos públicos del gobierno, los negocios y el mundo académico con la verdad bíblica.

B. Edificar la paz de Cristo en nuestro mundo dividido y roto. Cristo ha reconciliado a los creyentes con Dios y entre sí; la unidad del pueblo de Dios es a la vez un hecho y un mandato. Por lo tanto, la Iglesia tiene la responsabilidad de exhibir la reconciliación en su vida y de participar en la pacificación bíblica en el nombre de Cristo. Esto incluye hacer que la verdad y la paz de Cristo ejerzan su influencia sobre el racismo y la diversidad étnica, la esclavitud y el tráfico humano, la pobreza y los grupos minoritarios, como las personas con discapacidades. También significa que nuestro llamado misional incluye una mayordomía responsable de la creación de Dios y sus recursos.

C. Vivir el amor de Cristo entre personas de otras creencias religiosas. Nuestros “prójimos” incluyen a personas de otras creencias religiosas. Debemos aprender a verlas como prójimos y ser prójimos de ellas. Buscamos compartir las buenas noticias mediante una evangelización ética, y rechazamos el proselitismo indigno. Aceptamos que nuestra comisión incluye estar dispuestos a sufrir y morir por Cristo al tratar de alcanzar a personas de otras creencias religiosas. Somos llamados a encarnar y promover el evangelio de la gracia mediante acciones de amor, en todas las culturas. Debemos respetar la “diversidad en el discipulado” y alentarnos mutuamente a ejercer discernimiento cultural. Reconocemos que la diáspora global es estratégica para la evangelización: los pueblos dispersos pueden ser, a la vez, receptores y agentes de la misión de Cristo. Si bien estamos dispuestos a sacrificar nuestros propios derechos por el bien de Cristo, nos comprometemos a sostener y defender los derechos humanos de los demás, incluyendo el derecho a la libertad religiosa.

D. Discernir la voluntad de Cristo para la evangelización mundial. Se identifican seis áreas clave para la próxima década: (a) los pueblos no alcanzados y los no contactados; (b) las culturas orales; (c) los líderes, centrados en Cristo; (d) las ciudades; (e) los niños; todo acompañado de (f) oración. El foco, en relación con los líderes cristianos, es priorizar el discipulado y abordar los problemas que surgen de “generaciones de evangelización reduccionista”. Dentro de estas áreas, las prioridades fundamentales son la traducción de la Biblia, la preparación de historias orales de la Biblia y otras metodologías orales, además de erradicar el analfabetismo bíblico en la Iglesia. Las ciudades albergan cuatro grupos estratégicos: los futuros líderes, los pueblos no alcanzados migrantes, los modeladores de la cultura y los más pobres entre los pobres. Todos los niños están en riesgo; los niños representan tanto un campo de misión como una fuerza de misión.

E. Llamar a la Iglesia de Cristo a volver a la humildad, la integridad y la sencillez. La integridad de nuestra misión en el mundo depende de nuestra propia integridad. El Congreso llamó a los seguidores de Cristo a volver a un discipulado humilde y sacrificado, a una vida sencilla y a la integridad moral. Debemos estar separados y ser distintos del mundo (moralmente). Se señalaron cuatro “idolatrías”: la sexualidad desordenada, el poder, el éxito y la avaricia. Los discípulos de Cristo deben rechazar estas idolatrías. (El evangelio de la prosperidad es rechazado bajo el estandarte de la “avaricia”).

F. Asociarse en el cuerpo de Cristo para la unidad en la misión. Pablo nos enseña que la unidad cristiana es una creación de Dios, basada en nuestra reconciliación con Dios y entre nosotros. Lamentamos la condición dividida de nuestras iglesias y organizaciones, porque una Iglesia dividida no tiene ningún mensaje para un mundo dividido. Nuestro fracaso en cuanto a vivir en una unidad reconciliada es un importante obstáculo para la autenticidad y la efectividad en la misión. Nos comprometemos a trabajar asociados en la misión global. Ningún grupo étnico, nación o continente puede reclamar para sí solo el privilegio exclusivo de ser quien complete la Gran Comisión. Dos aspectos específicos de la unidad en la misión son la asociación de mujeres y hombres y el reconocimiento de la naturaleza misional de la educación teológica.

Preparado por Kevin Smith, de South African Theological Seminary. Este documento resumido está saturado de la terminología misma del CCC, por lo cual no se usan comillas para cada frase tomada del CCC. Sólo las citas más largas y las frases clave se señalan con comillas. Este documento es un resumen del CCC. Para leer el CCC completo, consulte www.lausanne.org/ctcommitment.

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